ECONOMÍA DE CARNE Y HUESO

Alfredo Padilla. Coordinador General de ATRAEM

A partir de la experiencia e información acumuladas por la Asociación de Trabajadores Emprendedores y Microempresarios (Atraem) podemos afirmar que, como consecuencia de una pésima gestión de gobierno, en Venezuela se ha destruido el empleo decente y pulverizado el valor del salario.

En tales circunstancias, el trabajo por cuenta propia en variados oficios y servicios ha pasado a ser la principal fuente de empleos (y de ingresos), incluidos muchos que “gozan” de un empleo formal y se procuran ingresos adicionales al miserable salario que devengan. Más de 7 millones de personas se desempeñan en actividades económicas que van desde la iniciativa individual a la microempresa familiar, o entre allegados de confianza. Estos ciudadanos, gracias a su propio empeño, procuran abrirse camino en medio de la prolongada y pavorosa crisis social y económica que vivimos, haciendo grandes esfuerzos para mejorar su situación y la de su familia.

Son compatriotas que en su inmensa mayoria no estan incluidos en la seguridad social, que no cuentan con prestaciones acumuladas, ni con servicios particulares de salud.
En el marco de la emergencia que amenaza a todos, por la pandemia del coronavirus que obliga al aislamiento social y, en consecuencia, a la drástica reducción de la actividad económica, esta amplísima corriente de trabajadores autónomos se encuentra severamente restringida en su desempeño, en el día a día. Ellos no cuentan con apoyo significativo por parte del Estado, que les permita sustentarse ellos y sus familias.

Las restricciones directas e indirectas que les afectan son variadas:

  • Trabajadores de mercados municipales y a cielo abierto, puestos de venta en espacios públicos, kioscos, bodegas y abastos, todos extremadamente limitados tanto en horarios como en abastecimientos
  • Mujeres, en alta proporción cabezas de hogar, reposteras, costureras o trabajadoras de la estética, sin insumos para producir y prácticamente sin clientes con capacidad para demandar sus oficios
  • Trabajadoras domésticas con sus oportunidades de ingresos anuladas, porque se trata de servicios en el domicilio del cliente, que bien no las requieren o no pueden contratarlas
  • Vendedores de café, cigarros detallados y de chucherias, ausentes de sus mercados naturales, los terminales y paradas de transporte público
  • Mototaxistas y taxistas informales, disminuidos en horarios y áreas de circulación, con baja clientela, escasez de efectivo y con penurias para surtirse de combustible.
    Igual sucede con albañiles, mecánicos, electricistas, plomeros, cuidadores de adultos mayores, profesionales y docentes que se alivian con asesorías y clases particulares, músicos y animadores de eventos familiares y, así, un largo etcétera de personas que viven del día a día y que ven anuladas o extremadamente disminuidas sus fuentes de ingresos.

Si antes de la aparición de la pandemia y sus amenazas a la salud, el 74% de las familias en Venezuela adoptaban estrategias de sobrevivencia para acceder a alimentos, reduciendo porciones y/o trabajando a cambio de alimentos, o rematando bienes para comprar comida, imaginen lo extremadamente crítica de la situación social y económica de los hogares en sectores populares.
Sumemos a este crudo panorama, los efectos de la disminución de la producción agroalimentaria y las dificultades para trasladar los pocos productos del campo a las ciudades, por la escasez de combustible y sus consecuencias en la merma de abastecimientos en mercados, abastos y bodegas y, agreguemos, los costos ocultos de “matracas” y “peajes” para superar alcabalas en el trayecto y el impacto que diariamente provoca este “coctel” en el aumento de los precios de alimentos y en otros productos imprescindibles.
Es un verdadero drama que padecen los que viven de este modo y las familias más pobres del país. Desatendidos de políticas públicas y de apoyo solidario para soportar el aislamiento, ¿podrán cumplir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para contener la pandemia? ¿Ajustarán sus apremios de comida a las decisiones que dicta el gobierno, pertinentes muchas de ellas pero sin diálogo, consultas ni compensaciones adecuadas a los sectores mas vulnerables?
Este es el drama de la Economía Privada Popular y sus protagonistas de carne y hueso. Es un tema apremiante que debería ocupar un espacio importante en la agenda de los sectores sociales, económicos y políticos de mayor influencia en el país. Es urgente. No es cualquier cosa.

Caracas 12 de abril de 2020.